Mientras el gobierno de Clara Brugada celebra la Catrina más alta del mundo en el Zócalo, la capital acumula otros récords que nadie quiere certificar: extorsiones en su nivel más alto en una década, un Metro con presupuesto histórico y fallas en ascenso, y la peor opinión ciudadana sobre su desempeño en seguridad.
La Ciudad de México ya tiene su certificado. Con 33.41 metros de altura, la Catrina de la ofrenda del Zócalo fue reconocida por Guinness World Records como la más alta del mundo, una figura elaborada por más de 140 artesanos y montada por más de 100 trabajadores de la Secretaría de Obras. Nadie discute el talento de los cartoneros ni el valor de una tradición que es patrimonio de todos los mexicanos. Lo que sí merece discusión es la obsesión de un gobierno por las marcas espectaculares, porque el récord no fue un accidente: el gobierno capitalino solicitó originalmente una Catrina de 30 metros y el propio equipo propuso ampliarla para asegurar una diferencia clara frente al récord vigente. Es decir, la meta no era solo honrar a José Guadalupe Posada, sino ganarle a Puerto Vallarta.
Durante la ceremonia, la jefa de Gobierno explicó que la figura representa una crítica a la vanidad, el clasismo y las falsas apariencias. La ironía es difícil de ignorar. Posada creó a la Calavera Garbancera para burlarse de quienes aparentaban lo que no eran; más de un siglo después, su personaje sirve de escaparate para una administración que encadena eventos monumentales mientras los problemas de fondo siguen sin resolverse. Y hay una pregunta elemental que, al cierre de esta edición, el gobierno no ha respondido públicamente: ¿cuánto costó la Catrina y la ofrenda monumental? Ni en los anuncios oficiales ni en la cobertura de la inauguración se informó el monto. En una ciudad donde el órgano autónomo de transparencia fue sustituido por un organismo dependiente de la Contraloría del propio gobierno, obtener esa respuesta será más difícil que antes.
El problema no es una figura de cartón. El problema es que la capital está rompiendo otros récords, y esos no reciben placa ni ceremonia. El más grave es el de la extorsión. En el primer trimestre de 2026, la Ciudad de México registró el mayor número de carpetas de investigación por este delito en al menos una década, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. La curva viene de lejos: en 2024 se contabilizaron 473 carpetas y en 2025 la cifra se disparó a 1,728, un aumento de 265% en apenas doce meses. Comerciantes, transportistas y familias enteras viven con el teléfono como amenaza, mientras el gobierno responde con pactos y conferencias. Ningún notario de Guinness acudió a certificar esa marca.
Tampoco hubo ceremonia para el Metro. Este año, el Sistema de Transporte Colectivo recibió más de 25 mil millones de pesos, el presupuesto más alto de su historia, y aun así retrasos, desalojos de trenes, inundaciones en estaciones y escaleras descompuestas siguen siendo la rutina de millones de usuarios. En la Línea 3, las fallas pasaron de 7 mil 39 en 2024 a 13 mil 278 en 2025, un crecimiento cercano a 88% en un solo año
Presupuesto récord, fallas récord: una combinación que debería preocupar más que entusiasmar.
El clima también aportó su marca. En septiembre, autoridades del agua advirtieron que la ciudad volvió a romper récord de lluvias, superando al mismo mes de 2025, con encharcamientos, cierres viales y caída de árboles en distintas zonas. La lluvia no es culpa de nadie, pero la capacidad de respuesta sí lo es. Cada temporada, el gobierno pide a los ciudadanos no tirar basura en las coladeras, como si el desazolve, la recolección y el mantenimiento del drenaje no fueran responsabilidad pública. Y en la otra cara de la moneda, la propia Brugada reconoció en abril que en la ciudad no se ha logrado garantizar plenamente el acceso al agua para toda la población. Hay colonias que se inundan en septiembre y se quedan sin agua en marzo, año tras año.
Las prioridades se notan también en la calle. Esta misma semana, mientras la Catrina recibía su certificado, el secretario de Obras presentó ante el Congreso un balance de 2 mil 697 obras con un presupuesto anual de 18 mil millones de pesos, y diputados de oposición le exigieron resultados frente a los baches, los rezagos en movilidad y la falta de condiciones laborales para los trabajadores de limpia. La jefa de Gobierno anunció en su informe 100 mil toneladas de asfalto para las alcaldías, pero aún no se conoce el calendario de entrega ni cuánto le tocará a cada demarcación. La oposición ya preguntó si las «alcaldías prioritarias» serán las gobernadas por Morena. Mientras tanto, la respuesta oficialista es que 92% de las vialidades son secundarias y corresponden a las alcaldías: el bache como pelota política, rebotando entre niveles de gobierno.
El tema de las personas desaparecidas muestra otro patrón preocupante: la batalla de las cifras. El gobierno capitalino presentó esta semana un registro con una disminución de 30.5% respecto a noviembre de 2024 y anunció que el presupuesto de la Comisión de Búsqueda pasará de 24 millones a más de 80 millones en 2027, un aumento que las familias llevaban años exigiendo. Sin embargo, apenas en julio, con datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas, se reportaban 531 casos en el primer semestre, un incremento de 71% frente a 2025. Ahora el gobierno contabiliza 521 casos entre enero y el 15 de octubre. Que dos fuentes oficiales arrojen panoramas tan distintos sobre un tema de vida o muerte exige una explicación pública, no un comunicado triunfal.
Los capitalinos parecen haber tomado nota. En la encuesta de El Financiero de septiembre, la opinión negativa sobre el desempeño de Brugada en seguridad alcanzó 75%, su nivel más alto, y 63% de los entrevistados señaló a la inseguridad como el principal problema de la ciudad. Es otro récord, quizá el más elocuente, porque convive con una aprobación general de 60%: la gente reconoce a la jefa de Gobierno, pero no siente que su ciudad sea más segura. El gobierno responde con su propio dato, una caída de 53% en homicidios presumida en el informe, y es justo reconocer ese avance. Pero los homicidios no son el único delito que define la vida cotidiana, y la extorsión, el fraude y las desapariciones cuentan una historia distinta.
Nada de esto significa que la cultura deba esperar a que se resuelvan todos los problemas. Las celebraciones públicas tienen valor, atraen turismo y dan trabajo a artesanos. El punto es la proporción y la transparencia. Un gobierno que se moviliza para superar en cuatro metros a otra ciudad debería mostrar la misma determinación para bajar la extorsión, reducir las fallas del Metro o llevar agua a Iztapalapa, y debería informar con la misma claridad cuánto gasta en el espectáculo y cuánto en lo esencial. El 2 de noviembre la Catrina dejará el Zócalo. Los otros récords, los que no se celebran, se quedarán en la ciudad. Esos también tienen nombre y apellido, y no figuran en ningún libro de marcas mundiales, sino en las carpetas de investigación, en los andenes saturados y en las colonias que siguen esperando a la pipa.






