En una inesperada y poco común maniobra diplomática por parte de China, el presidente Xi Jinping tomó la iniciativa de descolgar el teléfono para iniciar una llamada con su homólogo estadounidense Donald Trump. Un detalle importante el hecho de quien marcó primero porque este tipo de charlas entre los líderes de las dos principales potencias suelen pactarse y anunciarse previamente, o desde el Gobierno chino remarcan habitualmente que la llamada se realiza a propuesta de la otra parte.
La lectura china de la conversación, que se efectuó el lunes por la noche, destacaba sobre todo que Xi y Trump discutieron sobre Taiwan, la isla autogobernada que Pekín considera una provincia separatista y que cuenta con Washington como su principal valedor internacional y proveedor de armas. El presidente estadounidense, en cambio, al resumir en redes sociales su llamada con Xi, no incluyó el asunto de Taiwan.
Trump dijo que habían hablado de la guerra en Ucrania, el seguimiento del tráfico de fentanilo (el opioide sintético que está causando estragos en Estados Unidos y que se fabrica con precursores químicos procedentes de China) y el compromiso de Pekín de comprar productos agrícolas estadounidenses.
Ambas administraciones sí que coincidieron en confirmar que el republicano visitará el país asiático en abril de 2026. Trump agregó que recibirá a Xi para una visita de Estado a Washington a finales del año que viene. “¡Nuestra relación con China es extremadamente sólida!”, declaró Trump.
La llamada entre los dos hombres más poderosos del mundo se efectuó mientras el foco geopolítico global está puesto en las discusiones del plan de paz para poner fin a la guerra de Rusia contra Ucrania, con el régimen de Vladimir Putin rechazando la contrapropuesta impulsada por los países europeos sobre dicho plan, más centrada en respetar la soberanía total de Kiev.
“China apoya todos los esfuerzos comprometidos con la paz”, manifestó el comunicado publicado por Pekín tras la llamada. El gigante asiático, que brinda apoyo económico y diplomático a su aliado de Moscú, se ha presentado desde la invasión rusa en 2022 como un potencial mediador en el conflicto, aunque a la hora de la verdad no ha dado ningún paso significativo en esa dirección a pesar de su enorme influencia sobre Putin.
Que Xi y Trump hayan hablado también sobre Taiwan es importante en un momento en el que China y Japón atraviesan por una de sus peores crisis diplomáticas en los últimos años después de que la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, insinuara a principios de este mes que Tokio podría intervenir militarmente para proteger a Taipei en caso de un ataque chino.
“China y Estados Unidos lucharon juntos contra el fascismo y el militarismo”, dijo Xi durante la charla en referencia al “militarismo” del Japón imperial. “EEUU entiende la importancia que tiene para China la cuestión de Taiwan”, subrayó Trump en una declaración que desde Pekín han celebrado como una sentencia indirecta a que Washington se opone a la independencia formal de una isla que de opera de facto como un país independiente.
“El regreso de Taiwan a China es un componente importante del orden internacional de posguerra”, continuó Xi siguiendo con el paralelismo histórico. Ha llamado la atención que el asunto de Taiwan, según la parte china, haya sido el centro de la conversación teniendo en cuenta que el pasado 31 de octubre, durante el primer encuentro cara a cara este año entre Trump y Xi, no hubo ni una sola mención a este tema.
Tras aquella cumbre que se celebró en una sala de una base militar en el aeropuerto de Busan, en Corea del Sur, hubo mucha inquietud entre los funcionarios taiwaneses tras ver que Trump “marginaba” de nuevo a Taiwan. En los últimos meses, los portavoces del gigante asiático han reiterado que China no renuncia al uso de la fuerza para tomar el control de la isla. Pero el estadounidense ha dicho en más de una ocasión que, mientras él sea presidente, Pekín no invadirá Taiwan. De lo que el republicano no se ha pronunciado, a diferencia de su predecesor Joe Biden, es si ordenará una intervención militar para defender a Taipei en caso de un ataque del ejército chino.























