A finales de 2025, el rial iraní superó la barrera de 1.3 millones por dólar estadounidense, un mínimo histórico que profundizó la pérdida de poder adquisitivo de la población. En términos prácticos, la divisa llegó a equivaler a 0 euros y frente al peso mexicano quedó en 0.000016 pesos mexicanos, evidenciando su virtual “valor nulo” en los mercados internacionales.
Durante 2025, la moneda iraní perdió alrededor del 69 % de su valor frente al dólar, un desplome que aceleró la inflación anual por encima del 42 % y disparó los precios de alimentos, combustibles y bienes básicos. El ajuste reciente en el precio de la gasolina —el primero desde 2019— reavivó el descontento social y recordó las protestas de hace seis años que dejaron cientos de muertos.
Las mayores manifestaciones en al menos tres años estallaron desde el primer día de 2026 y se extendieron por más de un centenar de ciudades, incluyendo Lordegan, Kuhdasht e Isfahan. Comerciantes y estudiantes cerraron bazares y universidades, mientras el gobierno decretó días festivos con el objetivo de frenar las movilizaciones.
La respuesta estatal fue inmediata: enfrentamientos, detenciones masivas y acusaciones oficiales contra supuestos “mercenarios extranjeros”. La Guardia Revolucionaria confirmó la muerte de al menos un integrante de la fuerza paramilitar Basij durante los disturbios.
Organizaciones de derechos humanos ofrecen cifras alarmantes. La ONG HRANA reporta más de 500 muertos y 10 mil detenidos, mientras que Iran Human Rights eleva el número de fallecidos a 648, incluidos menores de edad. Otros grupos de activistas aseguran que las víctimas mortales ya superan las 2 mil personas, en su mayoría manifestantes.
La crisis económica iraní se explica por una combinación de factores: sanciones impuestas por Estados Unidos y la ONU debido al programa nuclear, una inflación persistente, el aislamiento financiero y el impacto de la guerra aérea de 12 días con Israel en junio, que agravó la fragilidad de las finanzas públicas.
El líder supremo, Ali Jameneí, prometió actuar con firmeza contra los “alborotadores”, a quienes acusó de servir a intereses extranjeros y de alinearse con el presidente estadounidense Donald Trump. No obstante, la magnitud de las protestas refleja un descontento social profundo, alimentado por el colapso del nivel de vida.























