Liderado por Raphinha, el Barcelona se metió en el zurrón el primer título de la temporada. La Supercopa es el cuarto título por jerarquía, pero el partido que compusieron el Madrid y los azulgrana fue digno de una final de más rango. Cada uno en su verdad. El Barça dominador y el Madrid, con Vinicius como estilete, gremial y maximizando sus armas para competir y espantar el fantasma de una goleada que acabara con su entrenador. El vibrante duelo estuvo salpicado de todos los ingredientes que engrandecen el juego. Emoción, tensión y detalles virgueros que encumbraron la cita, resuelta con un ajustado 3-2 porque el Madrid combatió hasta el final.
Cuando el fútbol lo dominan los extremos el juego se embellece y se torna imprevisible. Por ahí, Raphinha y Vinicius fueron los dos grandes animadores de la noche. El azulgrana fue una vez más alma y arma de su equipo. Lo mismo se marca un cruce providencial para evitar un gol de Vinicius que dribla, asiste o dispara y marca. Enfrente, el madridista se reivindicó tras varios partidos mohíno. El gol que hizo para el empate a uno fue una oda a la posición. De la cal al área























