Europa se mueve y lo hace en sintonía con la política bélica de Estados Unidos e Israel. Francia y Países Bajos anunciaron el envío de nueve fragatas más al Mediterráneo, con el objetivo de “garantizar la seguridad” en uno de los puntos clave de este conflicto internacional: el estrecho de Ormuz, donde tienen que pasar centenares de embarcaciones petroleras al día y que con su paralización se está poniendo en jaque la economía mundial, incluida la Europa, que ya ve riesgos de desabastecimiento y una subida desorbitada de la inflación derivada de la escasez de petróleo.
De ahí que desde la Comisión Europea se endureció el mensaje contra Irán, llegando a aclamar que “el viejo mundo ya no existe”, en alusión al “mundo basado en normas” y que ahora se ve “más como un obstáculo que una ayuda”.
El presidente francés, Emmanuel Macron, se ha convertido en el principal abanderado de la expansión “defensiva” de los ejércitos europeos frente al conflicto en Medio Oriente.
El mandatario galo anunció una nueva movilización de fragatas, ante lo que denominó como un “ataque a Europa”, de ahí que ordenara el traslado de ocho fragatas más al Mediterráneo, que se unirán a las dos que ya tiene en la región y al portaaviones de propulsión nuclear Charles de Gaulle, además de otras fragatas de otros países europeos, como la española Cristóbal Colón.
El objetivo es garantizar la seguridad de Europa, pero también y de forma prioritario desbloquear el estratégico estrecho de Ormuz, semiparalizado por las milicias iraníes.
Macron visitó Chipre y compareció junto al presidente de ese país, Nikos Jristodulidis, y el primer ministro de Grecia, Kyriakos Mitsotakis. Y ahí aseguró que “el primer objetivo de este viaje a su lado es mostrar la plena solidaridad con Chipre, que la semana pasada fue blanco de varios ataques con drones y misiles.
Cuando se ataca a Chipre, se ataca a Europa. Así que Francia está coordinando esfuerzos (con Chipre) para garantizar la seguridad de nuestros ciudadanos y de los ciudadanos europeos en la región, apoyar las operaciones de repatriación y planificar y consolidar cualquier operación de emergencia que sea necesaria”.
Pero más adelante, Macron reconoció que “la presencia francesa, que se desplegará desde el Mediterráneo Oriental hasta el mar Rojo y frente a las costas del estrecho de Ormuz, movilizará ocho fragatas, dos portahelicópteros anfibios y nuestro portaaviones Charles de Gaulle, con el objetivo de contribuir a la distensión, a la seguridad de nuestros ciudadanos, a la seguridad de nuestros socios y a la libertad de navegación y la seguridad marítima. Se trata de una misión internacional de carácter defensivo para abrir progresivamente el estrecho de Ormuz”.
El gobierno de los Países Bajos anunció que se había coordinado con Francia, a petición de Macron, para ayudar a proteger a Chipre y a otros aliados, y asegurar el tráfico marítimo amenazado por la escalada de la crisis, con lo que habían decidido enviar una fragata de defensa aérea y de mando para apoyar al portaaviones Charles de Gaulle.
Este movimiento, estratégico e inédito en las últimas décadas en Europa, se suma a las declaraciones de la presidenta de la Comisión Europea (CE), la alemana, Ursula von der Leyen, quien señaló que “el viejo mundo ya no existe. Europa no debe gastar capital en intentar defenderlo y la UE debería preguntarse si la narrativa de un mundo basado en normas es más una ayuda o un obstáculo para nuestra credibilidad”.
Fue más allá y advirtió: “sé que este es un mensaje duro y una conversación difícil de mantener. Europa ya no puede ser la guardiana del antiguo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido y no volverá. Se escucharán diferentes opiniones sobre si el conflicto en Irán es una guerra elegida o una guerra necesaria. Pero creo que este debate pasa por alto en parte lo esencial. Porque Europa debe centrarse en la realidad de la situación, para ver el mundo tal y como es hoy en día. Necesitamos reflexionar urgentemente sobre si nuestra doctrina, nuestras instituciones y nuestra toma de decisiones, todas ellas diseñadas en un mundo de posguerra caracterizado por la estabilidad y el multilateralismo, han seguido el ritmo de los cambios que nos rodean. Si el sistema que hemos construido, con todos sus intentos bienintencionados de consenso y compromiso, es más una ayuda o un obstáculo para nuestra credibilidad como actor geopolítico. En un mundo más conflictivo como el nuestro, necesitamos una gobernanza global basada en normas”.
Y remató diciendo que “no debe derramarse ninguna lágrima por el régimen iraní, que ha infligido muerte e impuesto represión a su propio pueblo y que ha causado devastación y desestabilización en toda la región a través de sus aliados armados con misiles y drones”.























