Desde el arranque, las Águilas mostraron hambre. Brian Rodríguez fue un dolor constante, Kevin Álvarez pisó línea de fondo y Henry Martín incomodó con movimientos cortos. El problema fue el mismo de semanas anteriores: la definición.
Monterrey sobrevivió gracias a Luis Cárdenas, figura silenciosa del primer tiempo. Le sacó un disparo de bote pronto a Zendejas, voló ante Erick Sánchez y volvió a aparecer cuando el estadio ya cantaba el gol. América dominaba en llegadas, pero el marcador seguía intacto.
Rayados emparejó la posesión, pero sin filo real. Canales intentó ordenar, Ocampos buscó desbordar y Dourado falló la más clara. El descanso llegó con un 0-0 mentiroso para lo que se veía en la cancha.
El complemento arrancó con la misma tónica. América empujó, Monterrey ajustó piezas, pero los cambios de Torrent confundieron más de lo que ayudaron. La visita adelantó líneas, sí, pero dejó espacios.
Zendejas asumió el rol, Brian lideró el desequilibrio y el equipo mostró carácter. No es un América perfecto, pero sí uno que empieza a reconocerse. Cuando parecía que las alas estaban quemadas, renació del fuego.
América ganó, convenció por momentos y demostró que sigue vivo. El torneo es largo, pero partidos así construyen identidad.