El futbol se construye de pequeñas ilusiones, pero algunos equipos se resisten a transformarlas en certezas. En el caso del Guadalajara, sus jugadores parecen necesitar que un triunfo pase primero por una crisis nerviosa antes convertirse en una gran celebración. Aquel condimento marcó ayer el clásico tapatío ante el Atlas, un partido en el que empezó con desventaja y desaprovechó un penal a favor, para luego llevarse el triunfo (2-1) en el Estadio Jalisco tras la aparición salvadora de Ángel Sepúlveda.
Los rojinegros defendieron el gol de Paulo Ramírez (13) durante más de 45 minutos, pero luego el Rebaño, con la agresividad que el argentino Gabriel Milito ha impulsado desde su zona técnica, encontraron el camino para empatar los cartones mediante Armando González (48). El derechazo de La Hormiga, desviado por el zaguero Manuel Capasso, superó el lance del arquero Camilo Vargas poco tiempo después de volver del descanso. Más tarde, el colombiano tuvo su revancha ante la Hormiga, quien falló un penalti que pudo darle la ventaja a su equipo.
No fue sino hasta la entrada de Ángel Sepúlveda que los rojiblancos resolvieron el clásico. El ex de Cruz Azul capitalizó un segundo tiro desde los once pasos, con la encomienda expresa de Milito, y sentenció la victoria de los visitantes a seis minutos del final (84). El Guadalajara volvió a ubicarse en el tercer lugar de la competencia con 21 unidades, las mismas que el sublíder Toluca.























