La actriz Adriana Llabrés atraviesa uno de los momentos más sólidos de su carrera con el estreno de Psicópata, el asesino del conejo blanco, un thriller que apuesta por un tratamiento distinto del terror psicológico en el cine mexicano. En esta nueva etapa, la intérprete asegura sentirse más libre y consciente de sus herramientas, lo que le ha permitido profundizar en personajes complejos sin perder el disfrute del proceso.
El proyecto llegó a su vida en un momento de transformación personal y profesional. Tras el impacto de trabajos anteriores y el reconocimiento en la industria, Llabrés encontró en esta película una oportunidad para explorar nuevas capas interpretativas. “Aprendí mucho desde la investigación del personaje y desde la psicología”, comparte, destacando que cada proyecto se convierte en una vía de conocimiento personal.
En la cinta, da vida a una mujer cuya mente se fragmenta como mecanismo de defensa tras un trauma infantil. Lejos de caer en clichés, la construcción del personaje se centró en representar el trastorno de identidad disociativo desde una perspectiva realista. La actriz trabajó de la mano de especialistas en psiquiatría para comprender cómo estas “entidades” no son personalidades separadas, sino distintas formas de relacionarse con el mundo.
El reto no fue menor: Llabrés combinó entrenamiento físico —incluso con entrenadores vinculados a disciplinas como la UFC— con una exploración emocional profunda. Su objetivo era lograr una corporalidad creíble para un personaje que busca justicia desde un lugar físico, pero también psicológico. Este equilibrio entre acción y contención emocional marca uno de los mayores logros de su interpretación.
Uno de los aspectos más complejos fue evitar la sobreactuación. En lugar de apostar por cambios radicales entre identidades, la actriz optó por matices sutiles que respetaran la unidad del personaje. “Había que frenar lo espectacular para mantener la verdad”, explica, en una decisión que se alinea con la intención del equipo creativo de alejarse de representaciones sensacionalistas.
Además del componente psicológico, la película incorpora elementos visuales y narrativos que la acercan a un universo casi onírico, con referencias a relatos como Alicia en el País de las Maravillas. Esta mezcla entre realidad y fantasía permite abordar temas como la violencia y la supervivencia desde una distancia que facilita la reflexión del espectador sin perder tensión narrativa.
Sobre su trayectoria, Adriana Llabrés ha construido una carrera sólida dentro del cine y la televisión mexicana, participando en proyectos que han sido reconocidos tanto por la crítica como por la industria. Con la cinta Todo el silencio, ganó El ojito del Festival Internacional de Cine de Morelia y el Ariel a la Mejor Actuación Femenina.
Con Psicópata, el asesino del conejo blanco, Llabrés no solo reafirma su compromiso con personajes exigentes, sino también con el crecimiento del cine nacional. Orgullosa de trabajar en México, la actriz apuesta por historias que dialoguen con el público local sin perder su alcance universal, abriendo conversaciones necesarias desde la ficción y fortaleciendo una industria que, asegura, aún tiene mucho por ofrecer.























