El gobierno de EE. UU. anunció una intensificación en su ofensiva contra el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), al cual clasifica como “organización terrorista extranjera”. La estrategia abarca nuevos cargos penales contra cinco de sus líderes —que se suman a tres previamente acusados, entre ellos Juan Carlos Valencia González, alias El Pelón—, un paquete de más de 100 millones de dólares en recompensas por información para sus capturas y restricciones de visa a 65 familiares y colaboradores de la cúpula criminal. Además de los delitos de narcotráfico y tráfico de armas, tres de los acusados enfrentan cargos por un fraude de 400 millones de dólares relacionado con tiempos compartidos, afectando a miles de ciudadanos estadounidenses.
Durante la presentación del Departamento de Justicia, altos funcionarios del FBI, la DEA y la procuraduría advirtieron que perseguirán a los responsables en ambos lados de la frontera. En particular, el titular de la DEA, Terry Cole, calificó al fentanilo como un “arma de destrucción masiva” y arremetió contra funcionarios del gobierno mexicano que presuntamente protegen al cártel y facilitan sus actividades. Declaró que El Pelón es la máxima prioridad de la agencia y advirtió que ninguna conexión política servirá de escudo ante las investigaciones de EE. UU.
Las autoridades destacaron que esta presión se suma a los avances previos contra el Cártel de Sinaloa durante la administración de Donald Trump, mencionando condenas clave como las de El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada, así como más de 200 extradiciones y expulsiones. Finalmente, aunque la conferencia reflejó una marcada postura unilateral, al ser cuestionado sobre la relación con México, el director de la DEA afirmó que mantiene comunicación directa y constante con el secretario Omar García Harfuch para colaborar en el combate al crimen organizado.






