El Informe Trimestral que el Banco de México publicó ayer contiene una importante ajuste en su perspectiva: la Junta de Gobierno recortó su pronóstico de crecimiento del PIB para 2026 de 1.6 a 1.1 por ciento —medio punto porcentual, una de las revisiones más drásticas entre dos Informes consecutivos en años recientes— y, al mismo tiempo, reiteró que con el recorte de su tasa objetivo a 6.50 por ciento “concluyó el ciclo iniciado en marzo de 2024”.
El mensaje fundamental es este: la economía va a crecer la mitad de lo que esperábamos hace tres meses y pese a ello, ya no vamos a bajar la tasa.
La aparente contradicción tiene una explicación que vale la pena diseccionar, porque marcará la pauta de la política monetaria por lo que queda del año.
El recorte al pronóstico de crecimiento no es cosmético. Responde a una contracción “considerablemente más débil de lo esperado” en el primer trimestre —en palabras del propio Banxico—, con reversión de la actividad industrial y caída de los servicios.























